FIN DE SEMANA EN UNA CASA RURAL DE CASTELLÓN

FIN DE SEMANA EN UNA CASA RURAL DE CASTELLÓN

Hace tiempo que anhelaba pasar unos días aislado de todo y de todos. Se me ocurrió que un lugar en la montaña, mirando al mar, sería lo ideal para mis esperanzas de convertirme en un solitario sin otra cosa que hacer sino sestear, pasear, mirar el horizonte y esperar la hora de la comida para disfrutar de unos manjares idílicos. Encontré este lugar en una casa rural de la montaña castellonense.

Mar y montaña en Castellón

La casa rural miraba al Mediterráneo y estaba enclavada en las inmediaciones de la Sierra de Irta, balcón del mar azul y de pueblos pesqueros y turísticos como Peñíscola y Benicarló. En esta zona hay rutas muy bien diseñadas, para que los senderistas puedan caminar a su antojo. Y también existe la posibilidad de disfrutar de un paseo por la costa y degustar una paella exquisita o unas alcahofas, que son seña de identidad de esta comarca marinera, con denominación de origen.

Con tanta diversidad de ocio, me fue imposible sestear. La casa rural era un ejemplo de arquitectura tradicional valenciana, rodeada de campos sembrados de naranjos y limoneros. El olor del azahar inundaba toda la casa y en la lejanía se podían escuchar los graznidos de las gaviotas sobrevolando el Mediterráneo, que parecían ser una llamada al descubrimiento de un entorno natural inimaginable.

Peñíscola: turismo y tradición

Después de una mañana de senderismo, con el sol del Levante alumbrando mi caminar, bajé hasta la costa. Peñiscola me esperaba. Pero no era la Peñíscola del kilométrico paseo o avenida del Papa Luna, era el pueblo pesquero antiguo, encerrado en la muralla renacentista, el que atrajo mi atención.

En el puerto pesquero observé las pequeñas embarcaciones adentrarse en el puerto y descargar sus mercancías, compuestas por bogavantes, langostinos, corvinas y otros pescados tan sabrosos. En la lonja había comerciantes dispuestos a pujar por estos alimentos llegados del Mediterráneo y que harían las delicias de los turistas en los restaurantes que pueblan la famosa avenida del famoso personaje Papa Luna.

En lo alto del pueblo antiguo está el castillo donde aquel Papa peculiar plantó su corte y desafió a Occidente. Conseguí volver al medievo, recorriendo sus estancias. Un paseo por las callejuelas que conforman el pueblo me hizo sentir en aquella época tan siniestra y oscura. Pero un café con un pastisset de calabaza me hizo volver al presente de un pueblo que ofrece lo mejor, como los profesionales de cerrajeria, que tiene al visitante, sea historia, arte o gastronomía.

Benicarló: pueblo pesquero

Siguiendo la línea del mar se llega hasta Benicarló. Aquí se puede disfrutar del sosiego de un pueblo tranquilo. Probar un plato de alcachofas, cocinadas de mil maneras, puede ser el arranque para seguir con el recorrido hasta Vinaroz. El trozo costero que une ambas ciudades es quizás el único desurbanizado de todo el Levante español. Se puede llegar a Vinaroz siguiendo la costa virgen, como aseguran desde aqui, después de haber pasado el puerto de pescadores y el puerto deportivo.

Fuí a esta zona con la idea de sestear, pero la llamada de la naturaleza fue más audible que mis deseos de tranquilidad. La paz la encontré en los parajes de la Sierra de Irta y en el azul del Mediterráneo.

ESCAPADAS NATURALES PARA FEBRERO Y MARZO

ESCAPADAS NATURALES PARA FEBRERO Y MARZO

Las grullas, los gansos, los flamencos y las avutardas son los reyes del cielo durante los meses de Febrero y Marzo. Hacer una escapada a los lugares de paso, de acampada o de anidación de estas aves es contemplar una de las maravillas que nos tiene reservadas la naturaleza.

Las lagunas de Gallocanta y de Villafáfila, el pueblo de Fuente de Piedra o la Tierra de Campos son los escenarios mágicos a los que podemos escapar para observar el comportamiento de estas aves migratorias. Si tuviese cualquier percance con la apertura de puertas de su casa de campo, puede contactar con profesinales de la zona.

Laguna de Gallocanta

La alegría de las grullas, que en estos días sobrevuelas nuestros cielos, parecen trompetas que proclaman su llegada a la Laguna de Gallocanta, en el sur de la provincia de Zaragoza. Aquí se concentran hasta cuarenta mil ejemplares en las últimas semanas del mes de Febrero. El anochecer en las orillas de la laguna es un espectáculo natural digno de ver. Las grullas llegan al dormidero con sus ruidos característicos. Pueden observarse desde el mismo pueblo que da nombre a la laguna. Es el mejor mirador de esta enorme tabla de agua salina.

Villafáfila

Los gansos protagonizan una concentración parecida a las grullas. Lo hacen en el pueblo zamorano de Villafáfila, alrededor de una laguna. Lo mismo que las grullas, se agrupan para viajar, para iniciar su migración prenupcial. En las cercanías de la laguna hay palomares castellanos. No hay que dejar de probar la cecina, el codillo o la morcilla de esta zona.

Fuente de Piedra

En este pueblo de Málaga los flamencos están en Marzo muy ajetreados. Una colonia de más de veinte mil parejas ofrecen al visitante un espectáculo de colores inigualable. En el Cerro del Palo, junto al centro de recepción de visitantes, se encuentra el mejor punto para observar estas aves. La gastronomía de la comarca nos ofrece unos típicos molletes.

Tierra de Campos

Las avutardas de esta comarca castellana andan en pleno celo en el mes de Marzo. Al amanecer y al atardecer, los machos se inflan y se transforman en bolas enormes de algodón. Son los objetivos de los visitantes que se adentran en esta comarca, que visitan pueblos el mencionado Villafáfila , donde se encuentra la mayor densidad de la especie de todo el mundo, y Madrigal de las Altas Torres en la provincia de Ávila recomendado por www.cerrajerosvigo.net.