MARISMAS DE HUELVA

MARISMAS DE HUELVA

Recorrer las marismas de Huelva puede servir para recrearse con un entorno natural único.

Al amparo del coto de Doñana, las marismas del Odiel constituyen una gran zona de humedales. En la desembocadura de los ríos Odiel y Tinto, formando un enorme estuario, aparece esta zona de marismas, paraiso natural de casi ocho mil hectáreas de superficie, declarado reserva de la biosfera por la UNESCO. Acompañan a este espacio las marismas del Burro y la isla de En Medio, territorio que concentra especies ornitológicas, especialmente en los meses invernales, como el flamenco, la garza real , la grulla, la garza imperial, la cigüeña negra y la espátula.

La costa onubense de esta comarca se define como un litoral poco profundo, que facilita la aparición de estas marismas, acompañadas de bandas arenosas, alimentadas con el agua de los ríos que van al Atlántico. Esta reserva de la biosfera tiene una diversidad de habitat increible a pesar de su aspecto uniforme. Hay flora de crecimiento insignificante, pero también árboles y arbustos de tamaño mayor.

La salinidad es una característica a consideraren esta singular paisaje, zona de paso de aves migratorias. La salinidad es mayor a medida que la marisma se acerca al océano, por culpa de las mareas y la evaporación del agua.

Viajar a las marismas de Huelva

Se puede llegar a las marisma del Odiel sin dificultad, por el puente que enlaza Punta Umbría con la capital de la provincia. Desde allí una carretera secundaria llevará al viajero hasta el mismo puerto, donde se podrá contemplar la isla de En Medio, en el corazón de la reserva. Al atardecer, cuando el sol desaparece por el horizonte, el espectáculo natural es extraordinario. La desembocadura del río Odiel y la marisma, sus meandros se vislumbran en todo su esplendor.
Durante el invierno la llegada masiva de aves de paso hace la visita incluso más espectacular. A veces pueden verse camaleones, introducidos en las marismas para mantener los niveles de plagas de mosquitos.

TURISMO RURAL EN CUENCA

TURISMO RURAL EN CUENCA

Cuenca es campo, es monte, es senderos y caminos por los que perderte. También es monumentos y rincones discretos. Y, por supuesto, es la Ciudad Encantada y la ciudad de las casas colgantes.
La Naturaleza es salvaje y virgen en la provincia de Cuenca. No hay imagen que la identifique mejor que las espectaculares formas pétreas de la Ciudad Encantada y las sobrecogedoras vistas de la Serranía, con una fauna rica, dispuesta a ser observada por el viajero.

La Ciudad Encantada

Desde la capital se llega fácilmente a este lugar. Antes el turista debería detenerse en el formidable mirador de la Ventana del Diablo, con extraordinarias vistas del río Júcar, encajonado entre las rocas salvajes. Continuando con la ruta, se encontrará con el pueblo de Las Majadas y en medio del monte, como escondida, aparecen las rocas con formas caprichosas. Se trata de Los Callejones, donde la Naturaleza y la meteorología han esculpido las rocas calizas con una gracia especial.

La Serranía

Al norte de la Ciudad Encantada se nos aparece La Serranía, donde destacan El Hosquillo, que es un parque cinegético experimental situado en la cuenca del río Escabas. Aquí se mantienen en régimen de semicautividad distintas especies, como ciervos, gamos, mufones, osos pardos. El momento más añorado llega cuando los osos acuden a la llamada del guarda y piden su comida.
Más al norte encontramos el nacimiento del río Cuervo. El sendero que nos conduce hasta allí nos lleva hasta la misma base de las cascadas. Beteta es la puerta de entrada al Parque Natural del Alto Tajo, con su hoz y sus aguas bravas. No hay que dejar de visitar la fuente de la Toba, la cueva de la Ramera y la senda ecológica de la fuente de los Tilos.

Torcas de Palancares

En la ruta hacia Teruel nos hallamos con el escenario boscoso de la Torca de Palancares, donde los fenómenos cársticos han originado una treintena de hundimientos del terreno que dan lugar a las denominadas Torcas. Datan del periodo turolense, es decir, tienen más de 80 millones de años. No hay que perderse las Torcas del Lobo, de perímetro circular y paredes inexpugnables, o la de las Comenas, con casi 100 metros de desnivel.

Las Hoces del Cabriel

En el extremo oriental de la provincia de Cuenca rural se encuentran las Hoces del Cabriel, un rincón de agreste belleza, cobijo de un sinfín de aves. Hay un sendero que recorre el paraje, junto al río.

En cualquiera de estas comarcas al viajero podrá alojarse en alguna de las casas rurales que están diseminadas por toda la geografía conquense.

FIN DE SEMANA EN UNA CASA RURAL DE CASTELLÓN

FIN DE SEMANA EN UNA CASA RURAL DE CASTELLÓN

Hace tiempo que anhelaba pasar unos días aislado de todo y de todos. Se me ocurrió que un lugar en la montaña, mirando al mar, sería lo ideal para mis esperanzas de convertirme en un solitario sin otra cosa que hacer sino sestear, pasear, mirar el horizonte y esperar la hora de la comida para disfrutar de unos manjares idílicos. Encontré este lugar en una casa rural de la montaña castellonense.

Mar y montaña en Castellón

La casa rural miraba al Mediterráneo y estaba enclavada en las inmediaciones de la Sierra de Irta, balcón del mar azul y de pueblos pesqueros y turísticos como Peñíscola y Benicarló. En esta zona hay rutas muy bien diseñadas, para que los senderistas puedan caminar a su antojo. Y también existe la posibilidad de disfrutar de un paseo por la costa y degustar una paella exquisita o unas alcahofas, que son seña de identidad de esta comarca marinera, con denominación de origen.

Con tanta diversidad de ocio, me fue imposible sestear. La casa rural era un ejemplo de arquitectura tradicional valenciana, rodeada de campos sembrados de naranjos y limoneros. El olor del azahar inundaba toda la casa y en la lejanía se podían escuchar los graznidos de las gaviotas sobrevolando el Mediterráneo, que parecían ser una llamada al descubrimiento de un entorno natural inimaginable.

Peñíscola: turismo y tradición

Después de una mañana de senderismo, con el sol del Levante alumbrando mi caminar, bajé hasta la costa. Peñiscola me esperaba. Pero no era la Peñíscola del kilométrico paseo o avenida del Papa Luna, era el pueblo pesquero antiguo, encerrado en la muralla renacentista, el que atrajo mi atención.

En el puerto pesquero observé las pequeñas embarcaciones adentrarse en el puerto y descargar sus mercancías, compuestas por bogavantes, langostinos, corvinas y otros pescados tan sabrosos. En la lonja había comerciantes dispuestos a pujar por estos alimentos llegados del Mediterráneo y que harían las delicias de los turistas en los restaurantes que pueblan la famosa avenida del famoso personaje Papa Luna.

En lo alto del pueblo antiguo está el castillo donde aquel Papa peculiar plantó su corte y desafió a Occidente. Conseguí volver al medievo, recorriendo sus estancias. Un paseo por las callejuelas que conforman el pueblo me hizo sentir en aquella época tan siniestra y oscura. Pero un café con un pastisset de calabaza me hizo volver al presente de un pueblo que ofrece lo mejor que tiene al visitante, sea historia, arte o gastronomía.

Benicarló: pueblo pesquero

Siguiendo la línea del mar se llega hasta Benicarló. Aquí se puede disfrutar del sosiego de un pueblo tranquilo. Probar un plato de alcachofas, cocinadas de mil maneras, puede ser el arranque para seguir con el recorrido hasta Vinaroz. El trozo costero que une ambas ciudades es quizás el único desurbanizado de todo el Levante español. Se puede llegar a Vinaroz siguiendo la costa virgen, después de haber pasado el puerto de pescadores y el puerto deportivo.

Fuí a esta zona con la idea de sestear, pero la llamada de la naturaleza fue más audible que mis deseos de tranquilidad. La paz la encontré en los parajes de la Sierra de Irta y en el azul del Mediterráneo.

ESCAPADAS NATURALES PARA FEBRERO Y MARZO

ESCAPADAS NATURALES PARA FEBRERO Y MARZO

Las grullas, los gansos, los flamencos y las avutardas son los reyes del cielo durante los meses de Febrero y Marzo. Hacer una escapada a los lugares de paso, de acampada o de anidación de estas aves es contemplar una de las maravillas que nos tiene reservadas la naturaleza.

Las lagunas de Gallocanta y de Villafáfila, el pueblo de Fuente de Piedra o la Tierra de Campos son los escenarios mágicos a los que podemos escapar para observar el comportamiento de estas aves migratorias.

Laguna de Gallocanta
La alegría de las grullas, que en estos días sobrevuelas nuestros cielos, parecen trompetas que proclaman su llegada a la Laguna de Gallocanta, en el sur de la provincia de Zaragoza. Aquí se concentran hasta cuarenta mil ejemplares en las últimas semanas del mes de Febrero. El anochecer en las orillas de la laguna es un espectáculo natural digno de ver. Las grullas llegan al dormidero con sus ruidos característicos. Pueden observarse desde el mismo pueblo que da nombre a la laguna. Es el mejor mirador de esta enorme tabla de agua salina.
Villafáfila
Los gansos protagonizan una concentración parecida a las grullas. Lo hacen en el pueblo zamorano de Villafáfila, alrededor de una laguna. Lo mismo que las grullas, se agrupan para viajar, para iniciar su migración prenupcial. En las cercanías de la laguna hay palomares castellanos. No hay que dejar de probar la cecina, el codillo o la morcilla de esta zona.
Fuente de Piedra
En este pueblo de Málaga los flamencos están en Marzo muy ajetreados. Una colonia de más de veinte mil parejas ofrecen al visitante un espectáculo de colores inigualable. En el Cerro del Palo, junto al centro de recepción de visitantes, se encuentra el mejor punto para observar estas aves. La gastronomía de la comarca nos ofrece unos típicos molletes.
Tierra de Campos
Las avutardas de esta comarca castellana andan en pleno celo en el mes de Marzo. Al amanecer y al atardecer, los machos se inflan y se transforman en bolas enormes de algodón. Son los objetivos de los visitantes que se adentran en esta comarca, que visitan pueblos el mencionado Villafáfila , donde se encuentra la mayor densidad de la especie de todo el mundo, y Madrigal de las Altas Torres en la provincia de Ávila.