ESCAPADA RURAL AL FIN DEL MUNDO
El Finisterre, el lugar que indicaba el fin del mundo para los antiguos, en la llamada Costa da Morte, es uno de los sitios más espectaculares y también misterioros en Europa.
Este escenario abrupto, donde soplan vientos y suceden tormentas, huracanes y galenas, es un lugar peligroso para los navegantes, pero atesora unos paisajes inolvidables para el viajero de a pié.
Costa de la Muerte
La zona del cabo de Finisterre (Fisterra para los gallegos) está sembrada de localidades que evocan naufragios, desastres, dramas marinos, como Camelle, Laxe, Muxía, Corcubión, Camariñas o Cee. Y la costa está sometida a cabos igual de célebres, Touriñán, Vilán o el mismo cabo de Fisterra, el fin del mundo. Más allá de aquí no hay tierra, creían las civilizaciones pasadas.
A las islas de Sisargas, azotadas por las olas atlánticas, se llega desde el puerto de Malpica. No es difícil encontrar algún barquero dispuesto a realizar la travesía por unos pocos euros. Las islas están situadas frente al cabo de San Adrián. La distancia que separa Malpica de la isla mayor, Sisarga Grande, la única isla habitada, es de unos cinco kilómetros. Si la mar está en calma el viaje es rápìdo. La costa de esta isla cuenta con un pequeño muelle donde atracan las diminutas embarcaciones que llegan con los turistas. Desde el puertecito comienza el recorrido de la isla. Desde el faro, encaramado en una planicie rocosa, se divisa un paisaje sobrecogedor. Los acantilados están repletos de especies de aves marinas, que construyen sus nidos en las paredes imposibles de alcanzar para el ser humano.
Turismo natural
El paisaje es la estrella para el viajero. Pero no solo encontrará vistas maravillosas. La gastronomía, basada en la riqueza inagotable del oceáno, puede completar sus ganas de disfrute. Hay otro aspecto que muchas veces los viajeros olvidan cuando visitan esta zona. La Costa de la Muerte posee unos interesantes restos megalíticos, diseminados por las sendas que nos llevan a los pueblos y al océano. Destacan los dólmenes de Malpica, el de Laxe, y los de Dombal y la Barca.
Esta parte de Galicia deslumbra los sentidos, al tiempo que hace que el viajero concentre su espíritu por el espectáculo natural que observa. Disfrutar de la naturaleza más salvaje, alejarse en una de las casas rurales que se encuentra en la Costa da Morte, degustar productos frescos que vienen del océano, sin duda, es una de las delecias de la vida.

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